Aung San Suu Kyi es la figura viviente de la lucha por la libertad. La hija del héroe nacional birmano Aung San, quién firmó el tratado de independencia con la Inglaterra antes de ser asesinado, es hoy la mayor activista en contra del régimen militar vigente en su país. Encarcelada desde 2007 y sometida a arresto domiciliario los cinco años anteriores, no ha permitido que la coacción ahogue su voz y la de su pueblo. Su concienciada lucha la ha hecho merecedora del Nobel de la Paz en 1991.Nació en Birmania en 1945. Se formó en Oxford, trabajó en la Secretaría de Naciones Unidas e impartió clases en la India. En 1988 regresó a su país natal, dónde participó en el debate por segundo combate en pro de la independencia nacional. En ese mismo año, los dirigentes del gobierno decidieron cambiar el nombre del país a Unión de Maymmar, aunque éste no fue aceptado por los opositores al Régimen, ni por algunos agentes de la comunidad internacional. La dictadura militar vigente desde 1962 en el territorio, no permite ningún atisbo de libertad de expresión. Los habitantes, fuertemente divididos en etnias, protagonizan constantes y encarnizadas luchas.
Su gran espíritu combativo propició su arresto domiciliario el año siguiente. Pero, lejos de amedrentarse, decidió asumir la dirección de la Liga Nacional para la Democracia, que ganó las elecciones celebradas en el 90. La aplastante mayoría resultó totalmente invisible a los ojos de los militares, quienes hicieron caso omiso de los deseos del pueblo.
La inefectividad del resultado tampoco logró acobardarla y decidió permanecer con su nación. Amnistía Internacional la declaró prisionera de conciencia. Su combate en pro de una Birmania más justa también la hizo merecedora del Premio Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos y el Premio Sájarov de libertad de pensamiento. Y por los mismos motivos en el 92 le llegó el turno al Premio Simón Bolívar.
En el 96, la situación de la nación se agrava. Estados Unidos había exigido su liberación un año antes. Se la conceden. Sale a la calle donde continúa orquestando protestas a favor del sistema democrático y reclama compromiso a la comunidad internacional. Entonces la situación vuelve al punto de partida, pero en peores condiciones. No se le permite recibir visitas y las noticias que desde el exterior se tiene de ella son algunos vídeos de denuncia recibidos por Naciones Unidas.
La Junta de gobierno que mantiene el poder en su país no ha ahorrado las invitaciones de exilio a la reclusa, jugando con el elemento de la separación familiar, como una manera rápida de deshacerse de ella. Un capítulo de esta táctica de acoso psicológico sucedió cuando su esposo, Michael Aris, murió de cáncer de próstata en marzo de 1999, sin volver a ver a su mujer, esperando la visa que el Gobierno birmano nunca le concedió. Otro capítulo sucedió en abril del año, cuando al hijo menor, Kim Htein Lin, se le permitió reunirse con su madre por unas horas en el aeropuerto de Rangún.
La Junta de gobierno que mantiene el poder en su país no ha ahorrado las invitaciones de exilio a la reclusa, jugando con el elemento de la separación familiar, como una manera rápida de deshacerse de ella. Un capítulo de esta táctica de acoso psicológico sucedió cuando su esposo, Michael Aris, murió de cáncer de próstata en marzo de 1999, sin volver a ver a su mujer, esperando la visa que el Gobierno birmano nunca le concedió. Otro capítulo sucedió en abril del año, cuando al hijo menor, Kim Htein Lin, se le permitió reunirse con su madre por unas horas en el aeropuerto de Rangún.
A día de hoy su paradero es inexacto. La cúpula de poder se ha amparado en el argumento de que la activista ha alterado el orden del país para desoír las constantes reivindicaciones de liberación emitidas por los actores mundiales.
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